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BOTELLAS ESTANDAR PARA OXIGENO

CODIGO

GAS

DTRO. m/m

VOLUMEN LITROS

PESO

Kg.

ALT.

m/m

PRESION TRABAJO

FONDO

ARO PIE

PROTECCION VALVULA

CARGA DE GAS

FPOX2

OXIGENO

102

2

4.2

454

200

CONVEXO

NO

NO

400 L.

FPOX3V

OXIGENO

114

3

5

565

200

CONCAVO

NO

NO

600 L.

FPOX47

OXIGENO

140

4.7

8

543

200

CONVEXO

NO

NO

940 L.

FPOX5V

OXIGENO

140

5

8.4

575

200

CONCAVO

NO

SI

1000 L.

FPOX67

OXIGENO

140

6.7

11.4

710

200

CONVEXO

NO

SI

1340 L.

FPOX13P

OXIGENO

140

13

21

1200

200

CONVEXO

SI

SI

2600 L.

 

  

PROPIEDADES DEL OXIGENO

Número Atómico: 8
Masa Atómica: 15,9994
Número de protones/electrones: 8
Número de neutrones (Isótopo 16-O): 8
Estructura electrónica: [He] 2s2 2p4
Electrones en los niveles de energía: 2, 6
Números de oxidación: -2. Raras: -1, +1, +2
Electronegatividad: 3,44
Energía de ionización (kJ.mol-1): 1310
Afinidad electrónica (kJ.mol-1): 141
Radio atómico (pm): 66
Radio iónico (pm) (carga del ion): 140 (-2), 22 (+1)
Entalpía de fusión (kJ.mol-1): 0,222
Entalpía de vaporización (kJ.mol-1): 3,41
Punto de Fusión (ºC): -218,79
Punto de Ebullición (ºC): -182,95
Densidad (kg/m3): 1,429; (0 ºC)
Volumen atómico (cm3/mol): 14,04
Estructura cristalina: Cúbica
Color: Incoloro

 

 

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CURIOSIDADES- EL OXIGENO

EL OXÍGENO: EL AIRE QUE RESPIRAMOS

En la atmósfera el gas más importante es el oxígeno, que constituye el 21 por 100 del volumen del aire seco. Sin oxígeno suficiente para respirar morimos, y eso puede ocurrir si estamos en un sitio cerrado y se agota el oxígeno, o si la presión del aire es demasiado baja porque estamos a demasiada altura. Allí el aire contendrá todavía un 21 por 100 ciento de oxígeno, sólo que la presión del aire será demasiado baja para que los pulmones puedan extraerlo. Pero hasta en la cima de la más alta de las montañas, donde el aire es más fino, sigue habiendo todavía oxígeno suficiente. Los primeros exploradores creían que no, pero al final tendrían que ver que estaban equivocados.

El 29 de mayo de 1953 Tenzing Norgay y Edmund Hillary fueron los primeros en escalar el Everest, y lo hicieron con bombonas de oxígeno. Cuarenta años después, Harry Taylor, ex oficial de las SAS de treinta y tres años de edad, subió a la cima solo y sin oxígeno adicional. La primera mujer que escaló la cima, Junko Takei ,japonesa, llevó una bombona de oxígeno. En mayo de 1996, la ya fallecida Alison Hargreaves fue la primera mujer en lograr la hazaña sin oxígeno adicional.

Necesitamos oxígeno para que nuestro cuerpo genere energía; dependemos del aporte inmediato de este gas por la atmósfera. No obstante, hay unos límites superior e inferior a la cantidad de oxígeno en el aire fuera de los cuales no estamos seguros. Para no asfixiarnos, el nivel de oxígeno debe superar el 17 por 100; para no arder, debe estar por debajo del 25 por 100.

Podemos respirar. aire con más oxígeno de lo normal, como hacen muchos enfermos, pero si el que tenemos a nuestro alrededor posee estas características correremos peligro. Ha habido pacientes hospitalizados en tiendas oxigenadas que han sufrido horribles quemaduras por haber intentado encender un cigarrillo. Los tres astronautas que deberían haber dado vueltas a la Tierra en el primer Apolo tripulado se quemaron vivos en unos minutos en su nave el 27 de enero de 1967 al desencadenarse un fuego en el aire rico en oxígeno de la cabina. En octubre de 1969, en South Shields, en el nordeste de Inglaterra, un grupo que reparaba la bodega del buque Lady Delia corrió la misma suerte. Estaban utilizando una perforadora que funcionaba normalmente con aire comprimido, pero que por un descuido se había conectado a una fuente de oxígeno. Cuando se sobrepasó el crítico 25 por 100 y un hombre encendió un cigarrillo, éste estalló en llamas, que se extendieron a su mono. Cuando los compañeros corrieron a apagar el fuego ardieron también. En unos minutos cuatro estaban muertos y otros siete heridos de mala manera. Este misterioso caso de combustión humana espontánea fue resuelto por el profesor Ian Fells, de la cercana universidad de Newcasde-upon-Tyne, que investigaba el aparente misterio y finalmente descubrió el tubo erróneamente conectado.

Pero por lo normal es la escasez de oxígeno la que pone en peligro la vida, y la escasez de oxígeno fue lo que puso en enero de 1993 un prematuro final al proyecto Biosfera, en Arizona. Ocho personas se habían encerrado en ese ecosistema de paredes de cristal en diciembre de 1991 para ver si era posible que los seres humanos consiguiesen que perdurara la vida en una estación espacial en la Luna. En unas semanas daban boqueadas porque el oxígeno del aire había caído por debajo del 17 por 100. Por alguna razón habían desaparecido 30 toneladas; se pensó que debían de haber reaccionado con el hierro del suelo.

El oxígeno es atraído por el hierro o hemoglobina de nuestra sangre, y de esa forma se transporta con eficacia a donde se lo necesite. (La mayor parte de las especies, pero no todas, usan el hierro como vehículo del oxígeno. Las arañas y las langostas usan el cobre, y por eso su sangre es azul.) Gracias a la hemoglobina, un litro de sangre puede disolver 200 cm3 de oxígeno, cincuenta veces la cantidad disuelta en el mismo volumen de agua. Pero si la cantidad de oxígeno en el aire decrece decrecerá también en la sangre, y aunque nuestro corazón lata tan deprisa como pueda para compensar la carencia, no se podrá mantener ese derroche de energía mucho tiempo y moriremos.

Las moléculas del oxígeno gaseoso tienen dos átomos de oxígeno, pero el enlace entre ellos sigue desconcertando a los químicos. Parece doble, y sin embargo la molécula tiene dos electrones sueltos, es decir, es un "radical libre".

El oxígeno gaseoso se licuará a -183 grados; el líquido es magnético, como descubrió Michael Faraday cuando roció un poco y vio que corría hacia los polos de un imán. Se comporta de esta manera por esos dos electrones libres; en teoría, deberían hacer que reaccionase instantáneamente con cualquier cosa que tocase, y sin embargo sabemos que el oxígeno es una molécula poco reactiva; no se habría ido acumulando si no durante millones de años hasta abarcar un quinto de la atmósfera terrestre. Incluso cuando entra en nuestro cuerpo no reacciona químicamente en el acto con las moléculas a las que se une, sino que necesita un catalizador enzimático que le haga reaccionar.

Hay mil billones de toneladas de gas de oxígeno alrededor del globo, y todas se producen como producto secundario de la fotosíntesis de las plantas. Los siete mil millones de toneladas de combustible fósil que quemamos al año consumen alrededor de 24.000 millones de toneladas de oxígeno, sólo un 0,00024 por 100 del total, que las plantas reemplazan en su mayoría. Incluso aunque las plantas no repusiesen el oxígeno de la atmósfera, harían falta, si se siguiera consumiendo a la misma velocidad, más de dos mil años para reducir el nivel de oxígeno del 21 al 20 por 100.

El cerebro necesita oxígeno para funcionar; sin él ese órgano vital morirá en unos minutos. Es menos conocido que un exceso de oxígeno lo envenena. Muchos buceadores no son conscientes de ello, según Kenneth Donald, de la universidad de Edimburgo (Escocia), que ha dedicado toda su vida a estudiar esta cuestión. En su libro El oxígeno y el buceador recomienda que no se respire oxígeno puro por debajo de los ocho metros, porque puede provocar convulsiones y varios buceadores se han ahogado por esta causa. En vez de usar aire comprimido, a los buceadores aficionados, fotógrafos submarinos, cazadores de peces o arqueólogos, por ejemplo, les ha dado por respirar las llamadas mezclas nítrox, es decir, aire con más oxígeno de lo normal, que también pueden ser peligrosas. El nítrox es una mezcla de nitrógeno y oxígeno creada por la marina inglesa durante la Segunda Guerra Mundial para los buceadores que retiraban las minas, porque así podían estar más tiempo debajo del agua sin envenenarse con el oxígeno y sin sufrir el mal de la descompresión. Los buceado res profesionales respiran hoy una costosa mezcla de helio y oxígeno, gracias a la cual pueden trabajar con seguridad a profundidades de 500 metros y aún más.

El oxígeno se produce industrialmente mediante la destilación de aire licuado, y se hace allí mismo donde vaya a utilizarse o se transporta por medio de conductos de gas o de tanques especialmente aislados. En Estados Unidos la producción es de 25 millones de toneladas al año; en el Reino Unido pasa de los 4 millones. Más de la mitad va a parar a la fabricación de acero, alrededor de un cuarto a la del óxido de etileno, con el que se hacen anticongelantes o poliéster para botellas y tejidos. Y lo demás se usa en forma gaseosa directamente, con una finalidad médica o para purificar las aguas residuales y que no ocurran desastres como: el de París en 1992. Una violenta tormenta hizo que fluyesen aguas residuales sin tratar al Sena, y consumieron enseguida el oxígeno del río y mataron a los peces. Ahora hay unas bombas gigantes que le inyectan al Sena 5 toneladas de oxígeno gaseoso al día.

¿Quién descubrió el oxígeno? Suele atribuirse el hallazgo a Joseph Priestley, que nació en Leeds (Inglaterra). Era un predicador inconformista, un intelectual de izquierdas partidario de los objetivos de la revolución francesa y un científico aficionado que se había especializado en el estudio de los gases. Descubrió el oxígeno en 1774, después de haberse trasladado a la finca de Lord Shelburne en Calne, Wiltshire; allí fue donde calentó óxido de mercurio y recogió el gas que desprendía. Respiró su nuevo gas y comunicó que le hizo sentirse con la cabeza muy despejada. Observó además que un ratón sobrevivía mucho más tiempo con ese gas que con aire corriente. Priestley se trasladó a Birmingham, pero allí su casa y su laboratorio fueron saqueados por una turba derechista. Seguramente no sorprenderá que emigrase a Estados Unidos. Mal podía saber Priestley que Carl Scheele había descubierto el oxígeno unos meses antes en Upsala (Suecia) y que se le escapó el reconocimiento por ello porque el editor al que remitió su manuscrito no hizo nada por publicarlo. Ni Priestley ni Scheele dieron al nuevo gas su nombre. «Oxígeno» fue la palabra escogida por el gran químico francés Antoine Lavoisier, y significa que hace ácidos Lavoisier creía, erróneamente, que este elemento era un componente esencial de todos los ácidos.

Pero ¿hubo un descubrimiento anterior del oxígeno? Hay un indicio de que se había producido oxígeno 150 años antes. ¿Cómo, si no, explicaríamos un notable acontecimiento sucedido en Londres en 1624, cuando el rey Jacobo y sus súbditos acudieron en multitud a ver la nueva maravilla de la época, un submarino? Aquel singular vehículo tenía una estructura de madera cubierta por una impermeable piel de cuero engrasada. Lo impulsaban doce remeros; los remos salían afuera por unas escotillas selladas. Con su inventor a bordo, el holandés Cornelius Drebbel, y unos cuantos pasajeros más, navegó dos horas bajo las aguas, de Westminster a Greenwich, una distancia de varias millas. (El almirantazgo no se impresionó por el invento y desaconsejó su fabricación.) De este misterioso viaje hablaba todavía cuarenta años después nada menos que un científico de la talla de Robert Boyle, famoso por la ley que lleva su nombre. Escribió que uno de los pasajeros, que todavía vivía, le había dicho que cuando el aire del submarino se consumió Drebbel lo ventiló con el aire más puro que guardaba en un recipiente. Se ha dicho que ese aire más puro quizá fuese oxígeno.

Zbigniew Szydlo ha dado una explicación en su libro El agua que no moja las manos, en el que dice que Drebbel estaba al tanto de la obra del alquimista polaco Michael Sendivogius, que vivió entre 1566 y 1636 Y conocía un gas al que llamaba «el aéreo alimento de la vida». «El agua que no moja las manos» era el nombre en clave que Sendivogius daba al nitro. Había observado que cuando el nitro (el viejo nombre del nitrato potásico) se calentaba emanaban gases. Calentada suavemente, esta sal produce oxígeno. En aquellos días el nitro se recogía de las paredes de sótanos y letrinas, donde se desarrollaba en forma de cristales blancos, o de la lixiviación del estiércol y la tierra. Se recogía a escalas comerciales porque lo necesitaban para hacer pólvora.

Es posible que john Mayow (1641-1679), químico de Oxford y unos de los primeros miembros de la Royal Society de Londres, conociera la curiosa capacidad del nitro de producir oxígeno. Escribió acerca de las «partículas nitroaéreas» que salen del nitro cuando se calienta, y se cree que también esa expresión se refería al oxígeno. Hasta se ha apuntado que el «elixir de la vida» de los alquimistas no era un líquido, como popularmente se cree, sino ese gas secreto, el oxígeno.

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